Hace veinte años cuando me casé con Christina Nevárez yo estaba en la ciudad de Esmeraldas en donde la conocí.
Tenía alquilado un cuarto de tres metros de ancho por cuatro
largo en donde tenía una cama de dos plazas nueva que la compré por éste mismo
barrio a un carpintero, lo mismo un colchón nuevecito de resorte marca Chaide y
Chaide la parte trasera de una casa al sur de Quito
por el barrio Solanda, el baño quedaba afuera y era común para el uso de otros
inquilinos de otros cuartos pertenecientes a la casa a veces teníamos que ir a
los baños de agua caliente calentados con leña los cuales se alquilaba.
Aquí vinimos a vivir con Cristina luego de que salimos de la
casa de su mamá en la calle F y la 24 Ava. En el barrio del suburbio de
Guayaquil.
Aquí en Quito en esta habitación Cristina quedó embarazada
de nuestra hija Romina, pero antes de dar a luz tuvimos un problema la invité a
comer y luego que le sirvieron un cuarto de pollo asado no lo quiso comer, me
disguste por ello discutimos y ella decidió regresarse a Guayaquil.
Viendo que estaba embarazada y sintiendo mi obligación como
padre vine nos reconciliamos y aquí tuve que alquilar así mismo un departamento
al interior de una casa en la Av. 29 Ava. Junto a una amiga Doña Melva así
mismo junto a la casa del señor Zuñiga que luego de venir de la ciudad de
Esmeraldas por los estudios universitarios de Romina y Grace tuvimos que
alquilar.
Nació Romina en el Hospital Guayaquil y luego nos cambiamos
a vivir a otro cuarto en la casa de Gustavo Zambrano el niño del arete como se
apodaba esto es por la calle G y la 28 Ava. En el mismo suburbio.
Estuvimos también arrendando por la calle Colombia así mismo
en el barrio del suburbio.
Hasta que decidimos irnos a Esmeraldas ya que me iba a hacer
cargo de la compañía de seguridad privada SEPBECA de la familia.
Aquí en Esmeraldas alquilamos un pequeño departamento por
aire libre cerca a la Unidad Educativa La Inmaculada escuela y colegio en donde
se han educado las jóvenes de distinguidas familias esmeraldeñas.
Cuando ya estuve en mejores condiciones económicas por el
éxito obtenido en la compañía de seguridad privada, nos pasamos a vivir en una
villa de tamaño mediana de color blanca con tres habitaciones, un baño, sala y
comedor grande, patio jardín y garaje donde guardaba mi jeep Vitara azul,
ubicada en la parada de buses número 7 o llamada también la parada de los come
chivos, de propiedad de un ex compañero del colegio Sagrado Corazón Eduardo
Santoro, estuvimos viviendo unos siete años en esta villa.
Después de este tiempo luego de cerrar la empresa de
seguridad por los duros problemas que enfrentamos con la administración pública
de Rafael Correa en Esmeraldas nos pasamos a vivir en un departamento en el
edificio de la familia Montenegro gracias a la intervención de Roxana quién nos
prestó dicho departamento. Departamento de color blanco hueso agradable para
vivir con tres habitaciones, un baño sala cocina y comedor medianos pero
cómodos. Viviendo en este departamento es que ya se gradúa Grace del colegio La
Inmaculada mientras Romina se encontraba en Guayaquil ya estudiando en la
Politécnica Salesiana.
Desde aquí partimos a Guayaquil después de vender un bonito
terreno en la urbanización Balcones de Tachina con la idea de dar prioridad a
la educación de Romina y Grace.
Previo a que vine por Guayaquil a alquilar una casa y por
recomendación de Herminia Solís cuñada de Cristina Nevárez arrendé un
departamento en una casa en la calle A y 29 Ava. Del matrimonio Zuñiga los
primeros meses vivimos relativamente tranquilos pero Grace se enfermó del
estómago con una Helicobacter Pillori y posteriormente los dueños de casa se
pusieron molestosos desde que una vez no se le pudo pagar puntualmente el
arriendo hasta tal punto que nos empezaron a cortar el agua y a ponernos
exigencias malos dueños de casa abusivos irrespetuosos de todas las veces que hemos arrendado éstos
son los arrendatarios de los cuales es incómodo vivir así con la prepotencia de
los dueños de casa. Es aquí pasando estos malos momentos causados por el
arrendatario es que decidió Cristina junto a su mamá y familiares construir
nuestra propia vivienda en un pequeño espacio del patio de su casa de seis por
cuatro metros, yo le venía diciendo a Cristina que con todo el dinero que
habíamos gastado en arriendos ya tuviéramos nuestra propia casa y en realidad
para el futuro de Grace y Romina en Guayaquil vale tener una vivienda propia
independiente y que los arrendatarios no molesten.

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